



Desasosiego
El arzobispo de Constantinopla se quiere
desarzobispodecontaninopolizar, el que lo
desarzobispedescontaninopolice será un buen
desarzobispodescontantinopolizador.
Trabalenguas popular
a mi primo Juan, Sylvia Molloy y Hakuri Murakami
10
Prefiero la prosa al verso. En la prosa se engloba todo el arte. Estoy seguro de que en un mundo civilizado perfecto no habría otro arte que la prosa. Dejaríamos los ponientes a los ponientes, procurando tan solo comprenderlos verbalmente. No haríamos escultura. Haríamos casas solo para vivir en ellas.
A mi las palabras no me sirven de nada. No me gusta como hablo. No me gusta hablar, procuro jamás hablar. No me gusta como escribo, ni lo que escribo. No leo ni me interesa lo que los demás escriben.
Prefiero ver un atardecer que leer una descripción de un atardecer. Pero hace mucho no veo un atardecer, no tengo ningún recuerdo del sol poniéndose, ni siquiera estoy seguro de jamás haberlo visto, tampoco tengo ningún deseo de hacerlo. Creo que el único chiste de ver el sol en el horizonte son los colores que se producen. No me gustan los colores. Aborrezco cualquier color, la mención o la alusión a cualquier color. Me imagino, sin temor a equivocarme que es mejor tener sexo que leer sobre el sexo; y prefiero un cuerpo bonito en dos o tres dimensiones a una descripción de un cuerpo bonito, a palabras que intenten describir un cuerpo hermoso.
Necesito arquitectura monumental para vivir, estímulos visuales en pantalla de plasma y alta definición, audífonos en mis oídos. No me gusta que nadie escuche lo que yo escucho. ¿Música? No puedo vivir sin música. Ninguna palabra, ningún verbo, ningún poema tendrá más ritmo, cante o danza que la música. Borremos todo lo escrito. Podemos almacenarlo todo digitalmente (no tengo tampoco ánimos de destrucción) como Google lo está haciendo y una vez que hayamos guardado todo en un cajón digital, todo lo que jamás se ha ya dicho o escrito, podremos en realidad vivir.
Creemos una sociedad puramente analfabeta ¿qué no añoramos la simplicidad de antaño? La vida primitiva frente al arroyo puro donde la carne sabía a carne y conocíamos las plantas de memoria.
Destruyamos ésta memoria colectiva que llamamos civilización. ¿A qué hemos llegado, cuales son los mayores logros? Automóviles baratos y petróleo caro, bombas nucleares para países subdesarrollados, semillas alteradas genéticamente, clonación... Terminemos con las religiones que crean guerras y tienen su origen en libros. Guardemos todo en un iphone, (creo que el año que entra ya tendrá suficiente capacidad de almacenamiento) y tirémoslo al mar.
Pronto todo terminará y quedará la esencia de lo humano sin esa cosa horrorosa y nociva que son las palabras.
11
Todo se penetra. La lectura de los clásicos que no distinguen los ocasos me ha vuelto inteligibles muchos ocasos en todos sus colores. Hay una relación entre la competencia sintáctica por la que se distinguen los valores de los seres, de los sonidos y de las formas y la capacidad de comprender cuando el azul del cielo es realmente verde y qué parte del amarillo existe en el verde azul del cielo. En el fondo es lo mismo: la capacidad de distinguir y de sutilizar. Sin sintaxis no hay emoción duradera. La inmortalidad es una función de los gramáticos.
No sé cuales son los clásicos. Creo que de niño leí Platero de José Alfredo Jiménez, decía que un burro era suave como bolita de algodón. Nunca he visto un asno y no sé bien cual sea la textura del algodón, si la de mis jeans, o la del algodón del baño. No he leído ni el Quijote ni la Cabaña del Tío Tom, si a eso se refieren por “clásicos”. No he leído Las Mil y Una Noches. Desde que salí de la escuela no he leído nada y en la escuela solo leía lo necesario para pasar el examen. Recuerdo un cuento de una mujer Ulalume González de León. No sé porqué se me quedó el nombre, algo hacía encuerada. Esperaba a su marido encuerada. Quise en ese entonces adolescente tener una esposa que me recibiera desnuda, pensé que eso me haría feliz.
Desde mi cuarto no veo el cielo. Tengo que abrir mi ventana y asomar mi cabeza hacía arriba para verlo, nunca lo hago. No abro las ventanas, ni asomo mi cabeza. Los colores, como ya lo dije, no me interesan, ni los atardeceres. Aunque si mi pantalla por un error de software se volviera blanco y negro creo que me fastidiaría, pero no tanto, pronto me acostumbraría también a eso.
No diré que la inmortalidad tampoco me interesa porque no quiero parecer un apático, pero sí que no sé lo que sea la inmortalidad. Todos, sin excepción nos vamos a morir. Por congelado que esté Walt Disney está muerto, y si se cree que vive en Micky Mouse yo no lo creo. Solamente Micky Mouse vive en el ratón animado. Walt Disney está muerto y no vive ni por haber ideado, dibujado o animado al ratón, ni por poseer los derechos de reproducción. En el mismo sentido, la gramática será quizás inmortal, o los textos de los gramáticos durarán por más tiempo que la vida humana, pero los gramáticos son mortales, todos lo somos.
12
Me gusta decir. Diré mejor: me gusta palabrear. Las palabras son para mi cuerpos tocables. Como todos los grandes enamorados me gusta la delicia de la perdida de mi mismo en el que el goce de la entrega se sufre completamente. Así las ideas, las imágenes pasan por mi en cortejos sonoros de sedas esfumadas donde una claridad lunar de idea oscila, batida y confusa.
La sensualidad real no tiene para mi interés de ninguna especie. No lloro por nada que la vida traiga o lleve.
No se me ocurre nada. Soy incapaz de imaginar nada. No tengo nada que decir. Detesto pensar. Me gusta comer papas fritas frente al televisor y dejarme llevar. Me gusta experimentar la pérdida de mi mismo. Desconfío de mis sentimientos. Me gusta la ausencia de mi mismo. Yo no existo soy solamente receptor. No puedo, ni quiero, ni me interesa amar porque no quiero entregar nada, ni sufrir la entrega de nada. Ni sufrir, punto. No quiero sufrir.
La sensualidad real no tiene para mi interés de ninguna especie, salvo si por eso se entiende mi cuota diaria de pornografía que limito a veinte minutos y cinco dólares y considero tan necesaria como las vitaminas y el agua que consumo todos los días. Hubo un tiempo que se me caía el pelo, se me caía a mechones, había pelo por toda mi habitación. Eso me angustiaba y provocaba pesadillas. Pero desde que tomo vitaminas ya no se me cae.
Una vez cuando era niño vi una película que me hizo llorar. Se llamaba “Capitan Courageous” y era de un marinero que rescata a un niño rico y mimado, cuando el marinero muere ahogado salvando la vida del ingrato, rompí en un llanto infeliz, como el que ningún hecho real me ha hecho llorar, ni tampoco ninguna otra película porque ya no siento igual.
13
Por más que pertenezca, por el alma, al linaje de los románticos, no hallo reposo más que en la lectura de los clásicos.
Desconozco los clásicos. En la escuela no nos enseñaron historia ni literatura del viejo continente, porque nosotros no pertenecemos a él. Mis maestros tampoco los han leído. La consigna era formar líderes y obreros. Lo único importante consistía en saber si ibas a recibir educación de líder o de obrero.
A las mujeres se les enseñaba a comer poco, verse bonitas siempre y mantenerse calladas.
Lo único que tenemos en común los líderes y los obreros es el fútbol. El fútbol es necesario para mantener la paz social.
14
Detesto la lectura. Siento un tedio anticipado de las páginas desconocidas.
Yo también.
15
No conozco un placer como el de los libros.
No conozco el placer de los libros.
Mis placeres son los siguientes:
1. Comer papas fritas.
2. Ganar más de 100,000 puntos en Slashman.
3. Encontrar videos en youtube que sean sexuales o violentos antes de que los censuren.
4. Encontrar nuevas referencias a la cultura popular que no había detectado antes en episodios viejos de Los Simpsons.
5. Repetir los diálogos de las películas que conozco de memoria, como Pulp Fiction y Animal House.
No puedo dormir más que con el televisor encendido y calcetines en mis pies.
18
Todo se me evapora. Mi vida entera, mis recuerdos, mi imaginación y lo que contiene, mi personalidad, todo se me evapora. Continuamente siento que he sido otro, que he sentido otro, que he pensado otro.
Estoy de acuerdo.
180
Hace mucho tiempo que no escribo, sino que ni siquiera existo.
Hace mucho tiempo que no existo. Estoy viendo la tele. Hace mucho tiempo que no soy yo. ¿Quién soy?
287
Tan dado como soy al tedio es curioso que nunca hasta hoy se me haya ocurrido meditar en qué consiste. Estoy hoy, de veras, en ese estado intermedio del alma en que no apetece la vida ni otra cosa. Y empleo el súbito recuerdo de que nunca he pensado en lo que fuese, en soñar, a lo largo de pensamientos medio impresiones, el análisis, un poco facticio de lo que sea.
No sé, realmente si el tedio en tan solo la correspondencia despierta de la somnolencia del vagabundo, o si es cosa, en verdad, mas noble que ese entorpecimiento. En mi es frecuente el tedio pero, que yo sepa, porque me fijase, no obedece a reglas de aparición. Puedo pasar sin tedio un domingo inerte; puedo sufrirlo repentinamente, como una nube exterior, en plano trabajo atento. No consigo relacionarlo con un estado de salud o de falta de ella; no alcanzo a conocerlo como producto de causas que se encuentren en la parte evidente de mi.
Siempre, desde mi memoria más antigua he padecido de aburrimiento, tedio, indiferencia, flojera, hueva, desganas. Ni para moverme, ni para no moverme. Recuerdo ver a mis compañeros jugar fútbol en el recreo y esforzarme por entender ¿qué carajos es lo que hacían?¿porqué corrían tras el balón? Intenté alguna vez colgarme de un pasamanos, no me gustó la altura, ni sentir todo mi peso sobre las palmas de mis manos. En la escuela, me dedicaba a ver la pared, el pasar de las manecillas del reloj, iba y regresaba de la escuela a la casa, los años se sucedían, se amontonaban sobre mi, hasta que un día decidí no hacerlo más. No salí de mi habitación. Dije que estaba enfermo. Me trajeron comida. Vi la tele. Pasó una semana y luego otra. Me acostumbré a vivir aquí. No encuentro ni más ni menos tedio que en la vida del exterior. Pero sí lo prefiero, estoy más cómodo. Me gustan sobre todas las cosas, mis calcetines blancos y gruesos de algodón. Es lo único en lo que insisto. Los dejo fuera de mi habitación cuando están sucios, y me los regresan limpios, oliendo a jabón y suavizante.
Sé lo que estoy haciendo. Estoy conciente. En Japón tiene un nombre y es bastante común. Estoy seguro que acá también. Siempre ha habido reclusos. A veces me imagino en un monasterio y que mi vocación divina me impide salir de mi celda.
474
Ya que no podemos extraer belleza de la vida, busquemos al menos extraer belleza de no poder extraer belleza de la vida. Hagamos nuestro fracaso una victoria, algo positivo y erguido, con columnas, majestad y aquiescencia espiritual.
Si la vida no nos ha dado más que una celda de reclusión, hagamos por ornamentarla, aunque más no sea, con las sobras de nuestros sueños, diseños y colores/mezclados/, esculpiendo nuestro olvido bajo la quieta exterioridad de los muros.
Como todo soñador, siempre he sentido que mi oficio era crear. Como nunca he sabido hacer un esfuerzo o activar una intención, crear me ha coincidido siempre con soñar, querer o desear; y hacer gestos, con soñar los gestos que desearía poder hacer.
Me gustaría suicidarme. Dejar este cuarto y dedicarme a soñar de verdad. No las pesadillas que padezco cuando logro conciliar el sueño. Sueños donde corro y corro, perseguido por seres desconocidos, y sigo corriendo hasta despertar angustiado, sudado, temblando. Me trato de clamar pero no puedo, entre más lo intento menos puedo calmarme. Me concentro entonces en el televisor y cambio de canales frenéticamente hasta encontrar algo que me apacigüe. Una vez pasé tres días sin dormir. Me gusta la imagen de la tina llena de sangre, la he visto en tantas películas. Pero sería incapaz de hacerlo, me darían nauseas. No tengo valor, por eso pasa el tiempo, no porque tenga ningún apego a la vida.
476
Me sosiego por fin. Todo cuanto ha sido vestigio y desperdicio se me borra del alma como si no hubiera sido nunca. Me quedo solo y tranquilo. La hora que ha pasado es como aquella en la que me convirtiese a una religión. Nada, sin embargo, me atrae hacia lo alto, aunque nada me ataría ya para abajo. Me siento libre, como si dejase de existir, conservando la conciencia de ello.
Me sosiego, si, me sosiego. Una gran calma, suave como una inutilidad, desciende en mi hasta el fondo de mi ser.
La soga está en mi cuello y tengo calcetines en mis pies.
SEGUNDA PARTE
10
Prefiero la prosa al verso. En la prosa se engloba todo el arte. Estoy seguro de que en un mundo civilizado perfecto no habría otro arte que la prosa. Dejaríamos los ponientes a los ponientes, procurando tan solo comprenderlos verbalmente. No haríamos escultura. Haríamos casas solo para vivir en ellas.
Yo podría vivir dentro de una novela. Pasar la vida en el campo con Henry David Thoureaux, o en la campiña francesa con Marcel Pagnol y Manon de Sources. Podría ser un detective, o un matón, una princesa, hasta una vieja sabia. Mientras tenga un libro que devorar no necesito nada más. Ahí encuentro todo, entretenimiento, amor, compañía. Con un libro jamás estoy sola, converso con el autor. Beverly Cleary fue mi primera mejor amiga. Luego Jane Austen. J.D. Salinger. Ahora está entre Dave Eggers –adoro a Dave Eggers, y Paul Auster, papasito.
11
Todo se penetra. La lectura de los clásicos que no distinguen los ocasos me ha vuelto inteligibles muchos ocasos en todos sus colores. Hay una relación entre la competencia sintáctica por la que se distinguen los valores de los seres, de los sonidos y de las formas y la capacidad de comprender cuando el azul del cielo es realmente verde y qué parte del amarillo existe en el verde azul del cielo. En el fondo es lo mismo: la capacidad de distinguir y de sutilizar. Sin sintaxis no hay emoción duradera. La inmortalidad es una función de los gramáticos.
Son los libros los que me han explicado la vida. ¿Quién más? ¿La escuela, mis papás? ¡Ja!
De la primera guerra sé por Pat Barker, de la sociedad inglesa por Dickens y Wilde, y Summerset Maugham, y Helen Fielding, y esa… como se llama, que tiene dos nombres de hombre, Phillipa Gregory, esa, creo que la van a hacer película. Y de los franceses, no pretendo saber mucho, pero sí he leído a Dumas y a Victor Hugo, Balzac, Voltaire, hasta a Houllebec. Y los Rusos, Tolstoy, Dostoyevski, Gogol, ¿qué sería de mi sin ellos? ¿Qué entendería por romance, por justicia? Digo, Tlatelolco, ¿yo no estuve ahí? Estuve ahí por Poniatowska. ¿Y Perú, sin Vargas Llosa, existiría? No sé porque me fui por la geografía como forma de entender el mundo. Igual pude haberlo dicho por la historia, o por los sentimientos, o por los pecados… aprendí sobre la gula con Pantagruel, la avaricia con Balzac, la lujuria con Miller y Bukovski, ¿y el amor a Dios sobre todas las cosas? Ese lo aprendí en el nuevo testamento.
12
Me gusta decir. Diré mejor: me gusta palabrear. Las palabras son para mi cuerpos tocables. Como todos los grandes enamorados me gusta la delicia de la perdida de mi mismo en el que el goce de la entrega se sufre completamente. Así las ideas, las imágenes pasan por mi en cortejos sonoros de sedas esfumadas donde una claridad lunar de idea oscila, batida y confusa.
La sensualidad real no tiene para mi interés de ninguna especie. No lloro por nada que la vida traiga o lleve.
A veces pareciera que hablo por hablar, o escribo por escribir, pero es que sí, así es… me encantan las palabras, puedo pasar horas al teléfono, en el chat. Se me va el día, cotorreando. A veces repito una historia mil veces, hasta que salga bien, porque la gente no entiende, y entones tienes que exagerar, para que les entre lo que estás diciendo. “Ya me lo contaste” me pueden decir. Pero no, no se los he contado, no así, o se me había olvidado contar que también pasó otra cosa. Que no solo la lavandera se acostaba con el carnicero, sino que tuvieron un hijo juntos, y que ella lo escondió. Se lo dio a su mamá para que lo criara, y cuando fue por él, la mamá no se lo quiso dar. Y es que no había contado que la mamá tenía un novio. Veinte años menor que ella. Que se acostaba con la nieta, pero no era incesto, por que de sangre no tenían ningún lazo, y estaban enamorados, de verdad enamorados. Ella misma me lo contó, la hija de la lavandera. Se llamaba Rosa. No, miento, lila, Lila era su nombre. Violeta. Sí, era Violeta, pero le decían Rosi de cariño, por eso me confundí. Si, si, fue eso, Rosi, la Violeta. Su mamá le puso Rosa, pero su abuelita lo cambió a Violeta, pero como ya era mayor se le olvidaba y casi siempre le decían Rosi, si Rosi, o con igriega, la verdad no sé como lo escribían. Rosy o Rosi. En inglés sería Rosie ¿sí?
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Por más que pertenezca, por el alma, al linaje de los románticos, no hallo reposo más que en la lectura de los clásicos.
Ah, linaje ¿porqué hablar de linaje? Todo el mundo quiere que hable de mi hermano. Pero de él no hablo. ¿Porqué hablar de él? No hay nada de que hablar. Nada. Ah, linaje literario… ah… pues por supuesto que soy romántica, pero los clásicos son románticos ¿no? Mujercitas. ¿Cuál otro? Penélope, esa es romántica, espera y espera. Pablo Neruda, Amado Nervo, Mario Benedetti, ¿son clásicos no? Sor Juana, era romántica y clásica, ¿no? escribía sonetos. Yo digo que se puede ser las dos cosas, clásica y romántica. Así, así soy yo, clásica y romántica. Como Audrey Hepburn. Como perfume de rosas. Como rosa perfumada. Como la rosa del perfume. Como rosa olor.
14
Detesto la lectura. Siento un tedio anticipado de las páginas desconocidas.
A mi no. A mi me encanta leer. Leo de todo. Desde TVynovelas hasta Octavio Paz. Lo que encuentre enfrente. No me gusta, eso sí, releer, ¿para qué releer? si todavía hay tanto que no he leído.
15
No conozco un placer como el de los libros.
Me siento en la mesa de la cocina con un plato de galletas enfrente, un vaso de agua o de leche, a veces me hago un té de canela, y me pongo a leer. Se pasan las horas. El tiempo vuela. Me meto en la historia y no hay quien me saque. A veces hasta que no termino un libro no lo dejo, ni para dormir. Dice mi Mamá que estoy igual que mi hermano, él metido en su cuarto y yo metida en mis libros. Pero no es igual, yo sí vivo la vida. La vivo más intensamente gracias a la lectura. La lectura me da esa perspectiva que me ayuda a sentir la vida de verdad.
18
Todo se me evapora. Mi vida entera, mis recuerdos, mi imaginación y lo que contiene, mi personalidad, todo se me evapora. Continuamente siento que he sido otro, que he sentido otro, que he pensado otro.
Cuando leo, todo se me evapora. Mi vida entera, mis recuerdos, mi imaginación y lo que contiene, mi personalidad, todo se me evapora. Continuamente siento que he sido otra, que he sentido lo de los otros, que he pensado cosas interesantísimas.
180
Hace mucho tiempo que no escribo, sino que ni siquiera existo.
Me gusta anotar todo en mi diario. Pero hace mucho que no escribo. A ver, tengo que recordar. ¿Qué he hecho? El lunes fui a la escuela. Regresé y leí la novela de Carmen Boullosa, La Otra Mano de Lepanto. Me encantó el personaje de Maria la Bailaora. Quiero tomar clases de baile. El martes, fui con Laura al cine. Vimos ¿qué vimos? Ah, sí, Spiderman. Está muy buena, porque se debate entre el bien y el mal, y la te deja buena moral, de que está en nosotros decidir. ¿Cómo se dice eso? Libre albedrío. Esa capacidad que tenemos los humanos de decidir nuestro propio destino. Dostoievsky también escribió de eso, en el capitulo ese del Gran Inquisidor, donde se burla de la iglesia. El miércoles, ya no me acuerdo que hice. Ah, sí, ayudé a mi mamá a lavar la ropa. Es increíble como estando encerrado en un cuarto se pueden gastar los calcetines. ¿Qué hace? Se ha de frotar los pies en la alfombra. Mejor haría frotándose otra cosa. El jueves, salí de la escuela y fui a comer con mis amigas. Nos hicimos manicure. Y ya, ya, hoy es viernes, ya me puse al corriente. A veces creo que si no escribo lo que hago es como si no lo hubiera hecho, porque se me olvida todo, como si no existiera.
287
Tan dado como soy al tedio es curioso que nunca hasta hoy se me haya ocurrido meditar en qué consiste. Estoy hoy, de veras, en ese estado intermedio del alma en que no apetece la vida ni otra cosa. Y empleo el súbito recuerdo de que nunca he pensado en lo que fuese, en soñar, a lo largo de pensamientos medio impresiones, el análisis, un poco facticio de lo que sea.
No sé, realmente si el tedio en tan solo la correspondencia despierta de la somnolencia del vagabundo, o si es cosa, en verdad, mas noble que ese entorpecimiento. En mi es frecuente el tedio pero, que yo sepa, porque me fijase, no obedece a reglas de aparición. Puedo pasar sin tedio un domingo inerte; puedo sufrirlo repentinamente, como una nube exterior, en plano trabajo atento. No consigo relacionarlo con un estado de salud o de falta de ella; no alcanzo a conocerlo como producto de causas que se encuentren en la parte evidente de mi.
Yo nunca me aburro. Mi papá me decía, solo los tontos se aburren. Y yo creo que aprendimos a no aburrirnos. Si lo piensas bien, siempre hay algo que hacer, siempre. Hay veces que okey, ya acabé de leer un libro, ya hice la tarea, y no tengo nada que hacer, me pongo a ver la tele, pero no solo la veo, aprovecho para hacerme manicure, o ponerme una mascarilla en el pelo, ver revistas, siempre, siempre hay algo que hacer. Yo me mantengo ocupada así nunca me aburro. Yo creo que mi hermano tampoco se aburre, si se aburriera saldría del cuarto, pero no somos tontos, nos enseñaron a no aburrirnos, por eso él no necesita nada del mundo exterior. Es tan listo que es capaz de vivir en su propio mundo. Eso es lo que dice mi mamá y yo le creo.
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Ya que no podemos extraer belleza de la vida, busquemos al menos extraer belleza de no poder extraer belleza de la vida. Hagamos nuestro fracaso una victoria, algo positivo y erguido, con columnas, majestad y aquiescencia espiritual.
Si la vida no nos ha dado más que una celda de reclusión, hagamos por ornamentarla, aunque más no sea, con las sobras de nuestros sueños, diseños y colores/mezclados/, esculpiendo nuestro olvido bajo la quieta exterioridad de los muros.
Como todo soñador, siempre he sentido que mi oficio era crear. Como nunca he sabido hacer un esfuerzo o activar una intención, crear me ha coincidido siempre con soñar, querer o desear; y hacer gestos, con soñar los gestos que desearía poder hacer.
Yo sueño con muchas cosas. Sobre todo con casarme. Pero tampoco me estreso ni me resigno, tengo planes, opciones. Si a los veintitrés años o no sé máximo veinticinco, no me he casado. Entonces voy a hacer como la de Diablo Guardián de Xavier Velazco. Les robo a mis papás y me pelo para otro lugar. Ya me las arreglaré. A mi ideas no me faltan, tengo tantas. Es por los libros. Los libros están llenos de ideas, y los que leemos, la gente lista, pues nos llenamos de ellas y mientras no falten ideas, no falta nada. Como el cuento de Sopa de Piedra, con una idea, se consigue comida. Todo. Hasta Sherezada logró conservar al vida. ¿Al final se casó con el príncipe ¿no?? Así voy a acabar yo, casada con un príncipe.
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Me sosiego por fin. Todo cuanto ha sido vestigio y desperdicio se me borra del alma como si no hubiera sido nunca. Me quedo solo y tranquilo. La hora que ha pasado es como aquella en la que me convirtiese a una religión. Nada, sin embargo, me atrae hacia lo alto, aunque nada me ataría ya para abajo. Me siento libre, como si dejase de existir, conservando la conciencia de ello.
Me sosiego, si, me sosiego. Una gran calma, suave como una inutilidad, desciende en mi hasta el fondo de mi ser.
Me sosiego al fin. No tenía ni idea de cuanto estrés me producía tener al imbécil encerrado en su cuarto. Si no hubiera sido por no sé qué sexto sentido que tenemos las mujeres ahora estaría muerto. Lo encontré yo. Casi morado. Lo llevé al hospital. Pero aun estaba vivo, respirando y todo. Dijeron que ningún daño. Que debemos tenerlo con medicamentos. Que está deprimido desde hace mucho y que es ¿cómo se dice? ¿agorafóbico? Que tiene miedo de los espacios abiertos, lo contrario de claustrofóbico. Pues claro, por eso estaba enclaustrado ¿no? Pero con las medicinas está bien ya regresó a la escuela y todo. Ahora fuma, eso lo encuentro extraño. Igual ve la televisión todo el día, pero en la sala, o en la cocina, ya no en su cuarto, y fuma. Igual nunca está descalzo. Pero yo me siento mejor, como si me hubieran quitado un peso de encima.

Elinor Vatinplaz
Me levanté con un nudo en el corazón. ¿Podría ser que me hubiera tardado tanto en conocerla? ¿Que hasta ahora, después de muerta empezara a saber en verdad quién era?
El archivo con la correspondencia de 1985 estaba desparramado por toda la cama. Me había quedado dormido leyendo la última carta. Se suponía que no debía de sacar los papeles de la biblioteca, pero después de seguir las reglas durante un par de semanas, me di cuenta que nadie me vigilaba y empecé a sacarlos.
Sus novelas hablaban de mujeres desesperadas, atrapadas en situaciones de las cuales no podían salir. Mujeres que caminaban sobre arena movediza de su propia hechura. Mujeres fangosas, sucias y enjuiciadas, desesperadas, fascinantes.
Lo que ella había logrado, literariamente hablando era crear mujeres terriblemente inteligentes que transitaban en mundos donde eran poderosas, tenían opciones. Eran el antí Thelma y Louise, el anti-Bell Jar, eran Elfriede en prozac. Eran cuerdas y a veces hasta crueles.
Como Natalie, la madre de tres, que se vuelve millonaria creando una línea de muñecas y de pronto, cuando lo tiene todo: el esposo que la ama, dinero, niñas en edad de funcionar solas... lo deja para viajar a la India, donde empieza una seria de aventuras autodestructivas de las cuales sale más o menos ilesa, pero lo que toca lo deshace, deja cenizas, pudiendo convertirlo en oro.
Parte de la maestría es que no deja claro si las cenizas son peores que el oro, pues de las cenizas surge vida nueva y el oro... el oro es inmutable.
Su éxito radicaba precisamente en eso, en torcer valores. Otro personaje, Miriam, adoraba tanto a sus hijos que los ahogó. Nunca se resuelve si real o figurativamente, pero sí deja claro que el amor materno ahoga, que es tan natural para la madre dar vida como quitarla.
En uno de mis cuentos preferidos, la madre trata de explicar al hijo que los dinosaurios no son malos. El niño está viendo un dibujo sangriento donde los dinosaurios se desgarran; no entiende como la madre los defiende. “Todas las criaturas matan para comer,” dice ella. “No son buenos, ni malos. Así es la vida: comes y te comen.”
El niño dice que las vacas mascan pasto e intenta argumentar que eso las hace más buenas que los dinosaurios. Ella le recuerda que él come carne de vaca y que sus zapatos son de piel, pregunta si eso lo hace malo. El responde que los dinosaurios comían hombres.
La madre le da una bofetada. “¡Estúpido, no había hombres en el tiempo de los dinosaurios!”
Así contado, no parece tan brillante, pero el cuento es sublime porque transmite la impotencia de ambos al no poder entenderse y la desesperación que genera esta imposibilidad.
Cuando lo abofetea el lector entiende que la madre y el hijo han hablado mil veces sobre la bondad o maldad de los dinosaurios, que han pasado interminables horas sobre el tema y que el niño está obsesionado con ellos. La madre trata de alivianar la obsesión, ella cree que si el niño logra entender que no son malos, entonces podrá enfrentar la vida con más herramientas y que su obligación radica precisamente en eso, en hacerle entender que en la vida comes y te comen, sin mediar necesariamente una “o” de por medio.
Pensar en su obra me tranquilizaba un poco, porque era caminar sobre terreno conocido. No solo había estudiado su obra publicada, sino todo lo que se había escrito sobre ella. La correspondencia, sus diarios, lo que escribió pero no publicó, eso es lo que estaba descubriendo y me traía frito.
Salí de la habitación dejando todas las cartas atrás. Puse la cafetera a hervir, era una de esas pequeñitas italianas que preparan un expreso amargo.
Mi madre también bebía café, pero ella usaba cafetera francesa. Preparaba una grande de cuatro tazas y la consumía durante el día, aunque estuviera frío.
Yo era el único académico especialista en su obra. Ella tendía a atraer más bien a académicas.
Siempre estuve interesado en personajes femeninos, mi tesis doctoral fue sobre las mujeres en el teatro griego, Clitmenestra, Casandra, Antígona, y Medea, pero desde la muerte de mi madre, me he dedicado a estudiar su obra.
Su obra… escuché el café hervir… estaría quemado… debí sacarlo de la flama tan pronto como sube el agua, no debe hervir… no importa… sí, me dedicaba a su obra, y ahora intentaba dedicarme a su vida, estaba en el proceso de escribir su biografía.
Biografía, memoria, análisis literario, no hay nadie en el mundo que pueda hacerlo como yo, dijo mi agente, nadie tiene la película completa, será una obra determinante.
El piso estaba frío, tenía los pies descalzos, una camiseta blanca con las axilas manchadas de amarillo y pantalón de pijama a rayas.
Imaginábamos un best-seller. Pero ahora, ahora que repasaba año tras año de su vida, de sus diarios, de la correspondencia que mi madre dejó a esta universidad tejana con instrucciones de que permanecieran cerradas por diez años, diez largos años que tuve que esperar aprendiendo –supongo- que los dinosaurios no son malos. Diez años en los que ella pensó que yo maduraría o que si bien no lograba madurar, ella podría administrarme de nuevo una bofetada fatal de la cual jamás me recuperaría.
Porque aquella vez, la vez de los dinosaurios, caí al piso y perdí conciencia. Ella por un segundo, por un terrible segundo pensó que me había matado. Eso me lo contó, pero no está en el cuento. No sé por qué lo omitió –quizás sabía que me iba a matar tarde o temprano. Si yo fuera novelista, habría pensado que ese era el gran momento dramático, pero ella no lo toca, la tragedia de la realidad no le interesa y al omitirlo logra el drama literario de la bofetada con más fuerza que la de una posible muerte.
Aquella vez, tan pronto me recuperé, perdí perdón a mi madre por haber cometido el impensable error de creer que había humanos al tiempo de los dinosaurios. Desee que ella se derritiera en lágrimas y me pidiese perdón. Quise un abrazo, pero no, mi madre no lloraba, no pedía perdón y evitaba los abrazos.
¿Pero como iba a recuperarme ahora que conocía su gran secreto, el que en 1985 por fin revela? Necesitaba fumar un cigarrillo y decidí salir de la casa a buscarlo. Encontré mis jeans sobre la silla donde los aventé la noche anterior, puse un suéter sobre la misma camiseta blanca, zapatos, no tuve tiempo de buscar calcetines. El cigarro me urgía, hace años que no fumaba, pero sentía que el humo iba a ayudarme a recuperar el aire que me faltaba. Ya en la puerta me di cuenta de que olvidé mi cartera y regresé a buscarla. Oí también la cafetera, hervía otro café olvidado. Esta vez apagué la hornilla, y vertí el café en una taza para llevarlo conmigo. Había un estanquillo a unas cuantas cuadras de la casa.
Mientras caminaba, se me ocurrió por primera vez que ella había estado consciente que en 1985 yo cumplía diecisiete y que esperó hasta entonces para revelarlo... sabiendo… conociéndome ya suficientemente bien para entender que yo iba a leer todo lo que ella había escrito y conociéndose suficientemente bien para saber que ella (ya había escrito tres novelas entonces) iba a tener que escribirlo todo.
Esperó hasta que yo cumpliera diecisiete, dieciocho hubiese sido demasiado convencional para ella. La primera referencia la encontré en una carta a su hermana diciendo: creo que es tiempo que Ernesto sepa quien es su padre.
Naturalmente yo siempre quise saber quien era mi padre, a los diecisiete años ya me había dado por vencido, sabía que esa pregunta a la cual mi madre respondía primero con evasivas y después con silencios cada vez más prolongados, solamente me alejaba de ella y no me acercaba a mi tan deseado y buscado padre. Sabía también, que únicamente mi madre conocía quien había sido mi padre, pues cuando pregunté a otras gentes, mi abuela, mi tía Lucía, la respuesta que obtenía era: pregúntale a tu madre, sólo ella sabe. Yo intuía que eso era verdad.
Por eso anoche, cuando leí que estaba a punto de revelármelo (jamás lo hizo en ese entonces...) seguí leyendo con interés hasta quedarme dormido. Lo que encontré fueron cinco hojas sueltas, donde usaba su escritura más pequeña e íntima que no estaban dirigidas a nadie, donde narra un encuentro sexual con dos alumnos.
Siempre había querido hacerlo. Y cuando digo siempre, lo digo en verdad. No sólo hace diez años cuando entré a trabajar de profesora a este colegio infernal, pero desde antes, desde la adolescencia, y desde antes, desde mi infancia, desde mi más inocente infancia tenía yo ya deseos sexuales desarrollados. Me tocaba y pensaba en ellos, mis ninfos, mis muñecos, no, yo nunca he deseado a un hombre, me dan asco los hombres. Lo mío son esto, niños, estos ninfos bellos de cuerpos suaves, recién musculosos, recién perfectos. Ah, cómo los he deseado, viéndolos todos los días, sus mejillas lampiñas, tocándolos apenas... en el hombro para señalarles un trabajo bien hecho, respirando en sus oídos mientras me inclinaba sobre ellos para revisar su ortografía. Hubo uno, antes de estos dos, un niño malo que debía ser castigado todas las tardes, castigado en la biblioteca, donde sabíamos que no entraría nadie, siempre tuve la precaución de cerrar la puerta. Después de él no hubo nadie por largos años, nadie lo suficientemente hombre-niño para atender a mis susurros, a mi escote de encaje que infundía tan cerca de sus narices, tan cerca, a veces veía como se endurecían bajo mi aliento, pero no hacían nada, se avergonzaban, hasta que llegaron estos dos. Estos dos que decidieron actuar en conjunto, quien sabe cuantos años llevarían ya entre ellos, pero había una naturalidad que me hacía pensar... nunca se los pregunté. Fue sólo el último mes, no se animaron a recibir su premio-castigo hasta mayo, ¡qué mayo espléndido! Las flores brillaban más que nunca, mientras yo como ellas me abría y florecía. Fueron los primeros alumnos que me enseñaron algo, entre dos, se puede hacer tanto más que con sólo uno. Se graduaron en Julio y un mes después me di cuenta de mi estado. Siempre quise tener un hijo, ya tenía treinta años.
Sabía que mi madre había enseñado en el Instituto Héroes de la Patria, un colegio católico desde los veinte años, hasta que me tuvo a mí, a los treinta. Con el embarazo dejó su trabajo y se dedicó a mí. Vivíamos con los abuelos. Había algo de vergüenza por su estado de madre soltera, pero yo proporcionaba alegría, y el hecho que ella viviera en casa proveía dignidad. No era la primera madre soltera, no hubo escándalo. Mi madre vivió hasta sus últimos años moralmente intacta. Sí era escritora, sí fue madre soltera, pero era reconocida, había ganado premios, la invitaban a dar discursos y conferencias, tenía un lugar en sociedad. Nada tan lejos de la pedófila hambrienta que descubría la carta. Yo siempre pensé que mi padre era uno de sus amigos escritores, tenía muchos amigos, formaba parte de círculos, grupos importantes de intelectuales, pintores, escritores, algún político iluminado, en mis fantasías mi padre era un hombre exitoso, un hombre casado quizás, rico, y si bien yo no conocía su identidad, él si sabía quien era yo y algún día vendría a reconocerme, a abrazarme, o al menos heredarme. Hice los cálculos, mi padre debía tener ahora cincuenta y siete años a mis tristes cuarenta, éramos casi de la misma edad, ambos canosos, panzones, perdiendo el cabello, haciéndonos exámenes de próstata. Mi padre (o mis padres) ni sabrían de mi existencia. Ellos (quizás homosexuales ahora, según lo que dice la carta) habrían tenido un mes de diversión con la maestra loca antes de graduarse, sus verdaderas vidas apenas comenzaban, habrían entrado a la universidad, seguido sus vidas, no tendrían porqué ver atrás, quizás un día se preguntaron ¿qué pasó con la señorita Vatinplez? Quizás después vieron o hasta leyeron sus libros, pero no tenían porqué imaginar que habían sido padres.
Llegué al estanquillo y compré cigarros. Encendí uno y lo fumé inclinado contra la pared, bebiendo café frío y quemado. Pensé que podía encontrar el anuario del Instituto, que podría buscar en esas caras adolescentes cual era mi padre. Podría interrogarlos a todos: ¿Cogiste con Vatinplez? ¿De qué color eran sus pezones?
Encendí otro cigarrillo. Lo mejor sería regresar a la biblioteca, seguir leyendo, probablemente no era la única carta, quizás había más. Así, despeinado y sin calcetines, entré a la biblioteca y pedí las cajas de los siguientes diez años. Hasta ahora había estado leyendo con calma, tomando apuntes, tratando de reconstruir su vida literaria, sus amistades, la época que había vivido. Pero hoy, sabía lo que buscaba: hojas sueltas, con rayas, amarillas. Intuí que ese había sido su pequeño diario erótico y que ahí estaba todo lo que yo buscaba encontrar.
Antes de morir, mi madre envió todos los papeles a ésta universidad junto con el legado. La universidad, que tiene uno de los mejores archivos literarios del mundo, procedió a su clasificación, seguramente uno o dos estudiantes de doctorado bajo la tutela de un bibliotecario trabajaron por años ordenándolo. Los diarios y cuadernos, los habían dejado intactos, solamente clasificándolos por orden cronológico. Las cartas estaban en carpetas, también en orden cronológico –la mayoría se las habían escrito a ella y estaban además separadas por autor- pero la universidad había hecho un trabajo extraordinario en encontrar las cartas que mi madre había escrito. Estas hojas, las que yo buscaba, no estaban dirigidas a nadie, pero tenían un sobre con diferentes fechas, y por eso se habían puesto en las carpetas de la correspondencia. Las encontré fácilmente.
Estoy contenta de reincorporarme a la vida laboral. Ya no soportaba estar en casa con el chiquillo. Me iba a volver de verdad loca. La universidad no está mal, me da tiempo de escribir y retomar mis intereses. Los alumnos no me llaman la atención, ya les ha crecido la barba, además tendrían la tendencia de romantizar. He encontrado un club de fútbol cercano. Por las tardes los alumnos toman aguas frescas después de sus juegos. Voy a alquilar un piso en el edificio de enfrente. Desde ahí podré observarlos, ver sus juegos, sus pantaloncillos cortos. No son niños ricos como los del instituto, van y vienen en camión, eso me quita un montón de problemas.
El año siguiente recuenta como había alquilado el piso.
Soy paciente. A veces tardo meses en encontrar al siguiente. No tengo prisa. Me divierte tanto verlos. Hay uno, le llamo Carlos, tiene el pelo largo y las piernas muy musculosas, me sorprende que me guste porque eso lo hace casi hombre, pero el pelo largo lo hace verse divino, como niño dios, sus caireles chocolate me excitan cuando está sudado. Pero hasta ahora se me ha escapado. Hace unas semanas le dije hola, cuando compraba su refresco, pero desde entonces no voltea siquiera a verme.
Sigo leyendo disgustado. A los cuarenta y cinco años dejó el departamento. Dijo que se estaba volviendo vieja, no le gustaba la mirada que le daban las vecinas, además yo cumplía quince y me podría enterar. Dijo que tenía que alejarse de mí. Le daba miedo estar conmigo a esta edad. No se sentía capaz, pero ¿si lo fuera?
Por eso me fui a España ¿ahora entiendes?
La carta estaba dirigida a mí. No tenía mi nombre, por supuesto que no, pero estaba dirigida a mí, me estaba escribiendo tantos años atrás.
No era porque me importase más mi carrera como tú siempre lo pensaste. No quería hacerte daño. No sabía como iba a reaccionar ante ti. Me gustan, me gustaban tanto los muchachos de tu edad, tú, tus amigos, no sabía si podía controlar mis deseos, antes no los había controlado, no había podido, o no había querido, pero ahora, ahora tenía que hacerlo y no sabía... no sabía... por eso me fui. Estuve en España hasta que entraste a la universidad.
Mi madre era una mujer exquisita. Sé que es común en los hijos idolatrar la belleza de su madre; la mía era extraordinaria. Nunca supe que había estado en peligro de haber sido seducido por ella, pero ahora que lo sabía, sí agradecía que se hubiese ido a Madrid, ahora que trataba de recordarla, venía a mi mente la foto que adornaba sus portadas, su pelo rubio, largo, recogido en una coleta floja que dejaba caer algunas mechas, sus pestañas seductoras, mirando a la cámara como quien dice una plegaria.
Quería recordarla así, pero las imágenes de lo que acababa de leer me perturbaban, veía el brassier de mi madre, sí siempre los prefería con encaje. Los tacones que usaba y que la hacían verse aun más alta de lo que era tomaban otra dimensión. Ya solo la podía ver sexualizada, perversa. Su prosa también se transformaba. ¿Era eso lo que sus heroínas perseguían? ¿Más sexo? ¿Era del incesto que huían?
¿Y yo? ¿Que haría yo? No podría escribir de mi madre en esos términos. El libro estaba terminado. No podía exponerme. ¿Como me vería la gente? Hijo de adolescentes, hijo triplemente ilegítimo, peor que bastardo, y además deseado en forma sexual por su madre, los psicoanalistas pagarían por verme. No, no podía ser. Tomé las hojas amarillas, las puse en sus sobres y las acomodé al final de la última caja. Mañana pediría las demás cajas y encontraría hasta la última. Mañana traería mi portafolios. Mañana.
Salí de la biblioteca, era de noche. Enfrente, un Starbucks mantenía despierto a los universitarios. Entré, compré una cafetera francesa, la más grande, como la que usaba mi madre.
Volví al departamento, recogí la correspondencia que faltaba, hice mis maletas. Al día siguiente tomaría un tren. Un tren hacía cualquier lugar del norte, no tenía a donde ir, no tenía nada que hacer, pero sabía que no podría permanecer en este lugar. Hice la cama y sobre la colcha tendida me quedé dormido repitiendo en silencio: eran para mí, eran para mí, tengo derecho a ellas, estaban dirigidas a mí, eran para mí.
Eran mías. Las tomé, cada una de las hojas amarillas, cada una de sus descripciones. La última estaba fechada a pocos meses de su muerte. Tenía un amante de treinta años que la hacía feliz. Me horrorizó pensar en mi madre vieja con un amante más joven que yo. ¿Cuándo lo veía? ¿Después de verme, cuando se comportaba como una vieja honorable e importante?
Guardé las hojas en el portafolios y regresé al departamento. Mis maletas estaban listas junto a la puerta, pero me faltaba algo más por hacer. Doblé las hojas amarillas con los secretos de mi madre dentro de la cafetera francesa. Saqué gasolina del coche y llené la cafetera. Estaba todo listo para hacerla explotar. La puse sobre la banqueta y tomé unos pasos de distancia, encendí un cigarrillo, encendí otro. Con cuidado aventé el primero, cayó a unos centímetros de la cafetera, arrojé un cerillo y otro, se apagaban en el aire, me acerqué un poco más, extendí mi mano y con cuidado prendí una de las hojas, la cafetera, comenzó a incendiarse, prendió fuego y se tornó azul intenso antes de explotar en doscientos cuarenta pedazos.
Tomé el tren, estuve más de dos semanas sobre los trenes más lentos, los que más paradas hacían, llegué a Fort Worth, Oklahoma City, Tulsa, Kansas, Chicago, seguí al Oeste en otro tren, pasé por Omaha, Denver, Caspar, Flaggstaf, Redding, Eugene, Portland, volví al Este, las ciudades se sucedían como palabras en un diccionario, Spokane, West Glacier, Minot, St. Paul, Milwakee, permanecían lugares desconocidas. Regresé a la universidad donde enseñaba. Publiqué un libro donde trataba varias autoras que estaban al borde –no volví a escribir sobre mi madre. Pasaron los años...
Y luego alguien más lo hizo. Catherine de Mäas, una académica que se dedicaba a la obra de mi madre, fue ella quien publicó el libro determinante. Ella nunca estuvo en Austin, pero lo leyó todo, el archivo digital que los alumnos del doctorado y el bibliotecario habían creado, escaneando todos los documentos de mi madre. Todos los documentos, incluidos los míos, los que pensé destruidos .

Lorea Canales

JULIA
Julia Mar
el mar
tus ojos
Julia Mar
el mar
tu boca
Julia Mar
el mar
tu piel


DETIENEN A PRESUNTO SUCESOR DE “EL TEO” EN BCS | DECOMISAN 12.4 TONELADAS DE MARIGUANA EN BAJA CALIFORNIA | HALLAN CABEZA DE JEFE POLICIACO EN GUERRERO | COLOCAN EN CJ PAÑUELOS BLANCOS EN FORMA DE PROTESTA | DIPUTADOS LOCALES DICEN “NO” AL TRASLADO DE PODERES | LAMENTA BAEZA RECHAZO A SU PROPUESTA | PAN PROMOVIÓ LEYES CONTRA VIOLENCIA EN JUÁREZ Y EL PRI “NO DIJO NADA”: FERNANDO ÁLVAREZ | ALCALDE SE VA DE MÉXICO POR MIEDO A CRIMINALES | ARRAIGAN A HERMANO DE “EL TEO” Y AL “MULETAS” | SE “LAVAN” 25 MIL MDD AL AÑO EN MÉXICO | CRIMEN ANIQUILA 10 MIL NEGOCIOS EN JUÁREZ | FUNCIONARIO DE SEDESOL HUYE CON DOS MDP NARCOTRÁFICO | ARRAIGAN A “EL ROGA” | DECOMISAN 281 KILOS DE MARIGUANA ABANDONADOS EN LA CALLE EN TIJUANA | MUEREN DOS PRESUNTOS SICARIOS TRAS ENFRENTAMIENTO EN MICHOACÁN | ASESINAN A FUNCIONARIO DE SEGURIDAD PÚBLICA DE DURANGO | ESCUELAS EN RIESGO POR LUCHA ANTINARCO: UNESCO | HUYERON 500 MIL DE CIUDAD JUÁREZ POR NARCOVIOLENCIA | AMOR | PGR ENTREGÓ LOS VIDEOS DE SEGURIDAD DEL TEC: GÓMEZ MONT | ACRIBILLAN A TRES EN CIUDAD JUÁREZ | COMANDO AGREDE Y AMENAZA A POLICÍA ESTATAL DE INVESTIGACIÓN DE HERMOSILLO | ENFRENTAMIENTO EN NL | SICARIOS MATAN A CINCO EN JUÁREZ | IDENTIFICAN A PRESUNTOS COLABORADORES DE LA BARBI | CAE EN TABASCO SOBRINO DEL LÍDER DE “LOS ZETAS” | DETIENEN A DIRECTOR DE SEGURIDAD PÚBLICA DE CIUDAD DEL CARMEN | HALLAN COCAÍNA EN BOLSAS DE CAFÉ Y CEREAL | JUSTICIA | ARRAIGAN AL SOBRINO DE LÍDER DE LOS ZETAS | JENNI RIVERA TUVO QUE CORRER DESCALZA EN MEDIO DE LA BALACERA EN TAMPICO | NARCOTRÁFICO | CATEAN PENALES EN COAHUILA; NO HALLAN NADA | QUEMAN MÁS DE 14 TONELADAS DE NARCÓTICOS EN SINALOA | DECAPITAN Y AMPUTAN MANOS A DOS MUJERES
COCCIX
LOREA CANALES
EN TABASCO | “ZETAS” DISOLVIERON CON ÁCIDO CUERPO DEL PERIODISTA RODOLFO RINCÓN, DESAPARECIDO EN 2007 |LLEGA RELEVO DE MIL 800 SOLDADOS A CJ ; CAE BANDA DE SECUESTRADORES DE MÉDICOS | ADVIERTE DEA RECOMPOSICIÓN DEL NARCO | PGJE CUENTA CON “DATOS IMPORTANTES” SOBRE ATAQUE A CRUZ ROJA EN SINALOA | PAZ | CAPTURAN EN JALISCO A PRESUNTO NARCO BUSCADO POR LA DEA | REGISTRAN 4 ATAQUES POR GATILLEROS AL SUR DE SONORA | EXTRADITAN A UNO DE LOS ARRIOLA | PIDE GTO NO HABLAR DE INSEGURIDAD | PROTESTAN EN PENAL DE TIJUANA | EU EXTIENDE ALERTA DE VIAJES A MÉXICO | CAEN SEIS DE LA BANDA DE LOS GARCÍA SIMENTAL | NARCOTRÁFICO | ARDE TAMAULIPAS POR GUERRA ENTRE NARCOS Y SEDENA | CAPTURAN EN NOGALES A BANDA CON ARSENAL | ESTALLA LA VIOLENCIA EN LA CUENCA; EJECUTÁN A 13 PERSONAS EN ACATLÁN | EDIL DE PUEBLO NUEVO, DURANGO LIGÓ A LOS JÓVENES Y NIÑOS ASESINADOS CON NARCOS | DETIENEN A EX POLICÍA RELACIONADO CON EL CÁRTEL ARELLANO FÉLIX | MINIMIZAN DECLARACIONES DE EL MAYO | ASESINAN A 9 PERSONAS EN TAMAULIPAS | POLICÍA FEDERAL ASEGURA MÁS DE UN MILLÓN DE PESOS EN ECATEPEC | HERMANO DE EL GÜERO PALMA ES EJECUTADO | DETIENEN A CONTACTO DEL CÁRTEL DE SINALOA EN COLOMBIA | MITOS EN EU SOBRE EL NARCO EN MÉXICO NARCOTRÁFICO | ENCUENTRAN UN MUERTO FRENTE AL ITESM CHIHUAHUA | SUMAN 22 MIL 700 ASESINATOS DESDE 2006 RELACIONADOS CON NARCO: REPORTE | SUMAN OCHO LOS CADÁVERES DEJADOS EN AUTOPISTA DE EL SOL | ATAQUES A SEDES DIPLOMÁTICAS, PARA “CALENTAR LA PLAZA” | ARRAIGAN A 8 ZETAS DETENIDOS EN OJUELOS, JALISCO I CAPTURAN A TRES ZAETAS EN NUEVO LEÓN | EJECUTAN A DOS JOVENES EN EL PENAL DE SINALOA | MUEREN TRES
Volcanes
De las cenizas del volcán
algo volverá a brotar,
quizás.
Los cadáveres en tambos de ácido
no sirven de fertilizante.
entonces…
¿encajuelado
entambado
encobijado
enteipado
encostalado
encanelado?
escoge
ellos
son los menos
los nadie
los dispensables
fuego cruzado
su hijo
se metió
entre nuestras balas
haga el favor
de quitarlo de ahí
espinas penca de nopal
tierra árida cadillos
el ácido
quema
flor del desierto
sólo crecen huesos
¿quién abrió la puerta
a este río de sangre
que ahogó mi huerto?
mi muerto
se ahogó
en un río de sangre
el río de sangre
se abrió
y ahogó mi huerto
rio sangre
mi huerto
rió sangre
mi muerto
Monumento a la Madre
Pinches pecadoras de mierda
putas desvalidas
se embarazaron por perras
críen a sus hijos lobas
quítense el pan del hocico
pa que crezcan sus escuincles
que los quiero pa soldados
veinte diez
La ciudad llora
lloran las calles
las alcantarillas
lloran los llanos
las estrellas se arrodillan
los chiquillos chillan
como cochinillas
llevan llagas
llanto de lluvia
llena los llanos
llantas en llamas
llanto y llamas
mi llano
Sin sentido
sin papás
sin educación
sin ton ni son
sin recursos
sin embargo
sintieron
sinceros
siniestro sinople
sin querer
sinergia
Inseguridad
levantamos bardas
con vidrios
pusimos rejas
en las ventanas
casetas en las privadas
cerradas
cámaras
policías
guaruras
ejércitos
no podemos salir
no podemos salir
más cerrados
más cerrado
más cerrados
más cerrado
aquí ya no se puede vivir
Sí
Sí es él, les dije
me mostraron las cicatrices
sí es él, dije
no, no las tenía antes, respondí
Sí, es él, dije
No, no es necesario verlas
No, no es necesario
Sí.
Sí, es él, dije
Culpa
Culpo a los ricos
ladrones
a los corruptos
culpo
transas, explotadores
despilfarraron
el maestro
y los padres
a la televisión
culpo y al gobierno culpo
los que no alzan la voz
culpo
los indiferentes, los callados
los que se dejan explotar, culpo
culpo a la iglesia,
a mí también me culpo
sufro de remordimiento
por mi culpa
por mi culpa
por mi grande culpa
Les dimos nuestra
piel, sexo, vientre, útero,
placenta, pechos, boca,
omóplatos, costillas
les dimos nuestras quijadas
clavícula
brazos, espalda, hombros
nuestras caderas y fémur
les dimos nuestro calcio,
mejillas,
ojos, pelo, dientes
cóccix y rodillas
manos
les dimos nuestras manos

Carol Ann Duffy nació en Glasgow en 1955. Poeta y dramaturga, ha publicado, entre otros, los libros de poesía Standing Female Nude (1985), Selling Manhattan (1987), Mean Time (1993), The World’s Wife (1999) –volumen al que pertenecen los poemas que aquí presentamos– Feminine Gospels (2002), Rapture (2005). Posiblemente sea la poeta viva más popular –y más premiada– de Inglaterra, y este año fue designada Poeta Laureada. “Como poeta”, dice Duffy, “no me interesan las palabras raras, interesantes. Me gusta usar palabras simples, pero de manera complicada”. Vive en Manchester, en cuya universidad es profesora de poesía contemporánea y escritura creativa.
Carol Ann Duffy
La esposa del mundo
Traducción de Mirta Rosenberg y Lorea Canales
La señora Sísifo
Otra vez empujando la piedra cuesta arriba, testarudo.
Digo piedra, pero es grande como una iglesia.
Al principio, no era más que una molestia,
pero ahora me sulfura este asunto, y él, grandísimo boludo.
Quisiera clavarle un cuchillo.
Piensa en la plata, me dice.
¿De qué sirve la plata, le chillo,
si ni siquiera te das tiempo para descorchar un vino
o para ir al parque a caminar conmigo?
Es un cretino.
Desde lejos viene gente a verlo, expectante.
Creen que lo hace por extravagante,
por bromista, por pura diversión.
Por terrible huevón sería mejor dicho.
Lo mismo daría que fuera un pichicho
ladrándole a la luna…
En cuanto esa piedra del carajo
llega a la cima, rueda otra vez cuesta abajo
y vuelve a su cuna.
¿Y qué dice él?
¡Sin decaer!
Infalible como un halcón,
implacable como un tiburón,
¡Sin decaer!
Pero sola de noche en mi cama,
me siento igual que la mujer de Noé
cuando él martillaba y martillaba su Arca,
o como Frau Johann Sebastian Bach.
Mi voz reducida a un graznido,
mi sonrisa un gesto torcido;
mientras en la ladera se adensa la sombra,
y él entrega todo y más a su obra.
Mrs Sisyphus: That’s him pushing the stone up the hill, the jerk./ I call it a stone –it’s nearer the size of a kirk./ When he first started out, it just used to irk,/ but now it incenses me, and him, the absolute berk./ I could do something vicious to him with a dirk.// Thin of the perks, he says./ What use is a perk, I shriek,/ when you haven’t time to pop open a cork/ or go for so much as a walk in the park?/ He’s a dork./ Folk flock from miles around just to gawk./ They think it’s a quirk,/ a bit of a lark./ A load of old bollocks is nearer the mark./ He might s well bark/ at the moon –/ that fecking stone’s no sooner up/ than it’s rolling back/ all the way down./ And what does he say?/ Mustn’t shirk –/ keen as a hawk,/ lean as a shark/ Mustn’t shirk!// But I lie alone in the dark/ feeling like Noah’s wife did/ when he hammered away at the Ark;/ like Frau Johann Sebastian Bach./ My voice reduced to a squawk,/ my smile to a twisted smirk;/ while, up on the deepening murk of the hill,/ he is giving one hundred per cent and more to his work.
Tetis
Me encogí
hasta el tamaño de un ave en la mano
de un varón humano.
Dulce, muy dulce era el canto
que había cantado
hasta que sentí el estrujón.
Y esto hice a continuación:
me monté en la cruz de un albatros
y ascendí la montaña del cielo.
¿Por qué? Para seguir un barco en mi vuelo.
Pero una saeta acertada
con un guiño me cortó las alas.
Así que fui a comprarme una forma adecuada.
Talle 8. Serpiente fue mi elección.
Gran equivocación.
Enroscada en la falda de mi encantador
sentí su puño estrangulador
cerrándome la garganta.
Después fui rugido, garra, zarpa pesada,
selvática, carnívora, incivilizada,
media cebra ensangrentada
entre mis quijadas.
Pero el oro de mi mirada
vio la escopeta –calibre 12– que me apuntaba.
Me hundí en el suelo de la tierra
para nadar en el mar.
Sirena, yo misma, gran pez, anguila, delfín,
ballena, la cantante lírica de las aguas.
Sobre las olas llegó el pescador
con su anzuelo y su línea y su plomada.
Cambié mi apariencia
a mapache, zorrino, armiño,
comadreja, hurón, rata, visón.
El taxidermista afiló sus cuchillos.
Olí el hedor del formol
con el que me iban a embalsamar.
Fui viento, fui gas,
fui por completo aire hirviente,
arrastrando nubes de cabellera.
Tracé mi nombre con un ciclón,
y de la nada, inesperadamente,
surgió el rugido de un avión bombardero.
Después mi lengua fue fuego
y quemaba con cada beso,
pero el novio vestía asbesto.
Así que cambié, aprendí,
me di vuelta como un guante –o eso
es lo que sentí–
cuando el niño salió de mí.
Thetis: I shrank myself/ to the size of a bird in the hand/ of a man.// Sweet, sweet, was the small song/ that I sang,/ till I felt the squeeze of his fist.// Then I did this:/ shouldered the cross of an albatross/ upt he hill of the sky./ Why? To follow a ship./ But I felt my wings/ clipped by the squint of a crossbow eye.// So I shopped for a suitable shape./ Size 8. Snake.// Big Mistake./ Coiled in my charmer’s lap,/ I felt the grasp of his strangler’s clasp/ at my nape.// Next I was roar, claw, 50 lb paw,/ jungle-floored, meateater, raw/, a zebra’s gore/ in my lower jaw./ But my gold eye saw/ the guy in the grass with the gun. Twelve-bore.// I sank through the floor of the earth/ to swim in the sea.// Mermaid, me big, fish, eel, dolphin,/ whale, the ocean’s opera singer./ Over the waves the fisherman came/ with his hook and his line and his sinker.// I changed my tune/ to racoon, skunk, stoat,/ to weasel, ferret, bat, mink, rat.// The taxidermist sharpened his knives./ I smelled the stink of formaldehyde.// Stuff that.// I was wind, I was gas,/ I was all hot air, trailed/ clouds for hair./ I scrawled my name with a hurricane,/ when out of the blue/ roared a fighter plane.// Then my tongue was flame/ and my kisses burned,/ but the groom wore asbestos./ So I Changed, I learned,/ turned inside out –or that’s/ how I felt when the child burst out.
Anne Hathaway
“Dejo, a mi esposa, mi segunda mejor cama…”
(testamento de Shakespeare)
La cama en la que nos amábamos era un mundo en rotación
de bosques, castillos, antorchas, riscos, mares
donde él buceaba perlas. Las palabras de mi amante
eran estrellas fugaces que caían a la tierra como besos
sobre estos labios; mi cuerpo a veces una rima imperfecta
de su cuerpo, como un eco, o asonancia; sus caricias
un verbo bailando en el centro de un sustantivo.
Algunas noches, soñaba que él me había escrito, la cama
una página bajo su mano de escritor. Romance
y drama interpretados por el tacto, el gusto y el olfato.
Y en la otra cama, la mejor, nuestros huéspedes dormitaban
babeando prosa. Mi amor vivo y alegre
yace en el ataúd de mi cabeza de viuda
como él yacía conmigo en aquella segunda mejor cama.
Anne Hathaway: ‘I gyve unto my wife my second best bed…’ (from Shakespeare’s will)
The bed we loved in was a spinning world/ of forests, castles, torchlights, clifftops, seas/ where he would dive for pearls. My lover’s words/ were shooting stars which fell to earth as kisses/ on these lips; my body now a softer rhyme/ to his, now echo, assonance; his touch/ a verb dancing in the centre of a noun./ Some nights, I dreamed he’d written me, the bed/ a page beneath his writer’s hands. Romance/ and drama played by touch, by scent, by taste./ In the other bed, the best, our guests dozed on/, dribbling their prose. My living laughing love –/ I hold him in the casket of my widow’s head/ as he held me upon that next best bed.
Frau Freud
Damas, para profundizar la discusión, digamos
que he visto mi justa parte de perinolas, miembros y pingas,
pinchilas y paquetes, vergas, pájaros y pollas,
de terceras piernas, pijas y reatas, de hecho
se podría decir que tengo tanta práctica en Cazar- el-Salame
como la Srta. M. Lewinsky… e igualmente hasta la coronilla
de la escopeta de bife, el chorizo, la morcilla, la moronga,
fierro, gusano, bate, pirulí, poronga
bastón y basto, el palo, el falo, el pistón, el garrote
y el culebrón. No malinterpreten, no albergo ningún resentimiento
contra la víbora en el pantalón, el mejor amigo de la esposa,
el cañón, el pitón –supongo que intento decir,
damas, estimadas damas, que el pene promedio no es cosa
bonita: el guiño de su solitario ojo envidioso… el sentimiento de
lástima que suscita…
Frau Freud: Ladies, for argument’s sake, let us say/ that I’ve seen my fair share of ding-a-ling, member and jock,/ of todger and nudger and percy and cock, of tackle,/ of three-for-a-bob, of willy and winky; in fact,/ you could say, I’m as au fait with Hunt-the Salami/ as Ms M. Lewinsky –equally sick up to here/ with the beef bayonet, the pork sword, the saveloy,/ love-muscle, night-crawler, dong, the dick, prick,/ dipstick and wick, the rammer, the slammer, the rupert,/ the shlong. Don’t get me wrong, I’ve no axe to grind/ with the snake in the trousers, the wife’s best friend,/ the weapon, the python – I suppose what I mean is,/ ladies, dear ladies, the average penis – not pretty…/ the squint of its envious solitary eye… one’s feeling of pity…

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Ayuda yoga a vivir mejor
Anato...¿qué?


Lorea Canales forma parte de una nueva generación de escritores globales. Su novela Apenas Marta, fue considerada por el Periódico Reforma y la crítica como uno de los mejores libros del 2011. Es abogada, periodista y novelista. Obtuvo su maestría en derecho en la Universidad de Georgetown en Washington, DC donde trabajó como abogada antes de ingresar al Periódico Reforma como editor jurídico. Fue profesora de derecho en el ITAM. Desde el año 2000 vive en Nueva York y continúa escribiendo para diversas publicaciones mexicanas. Es co-autora del libro Los Amos de México (Editorial Planeta). Estudió escritura en la Universidad de Nueva York (NYU) donde recibió su maestría.


Lorea Canales is part of a new generation of global writers. She is a novelist, journalist and lawyer from Mexico.
She earned a Masters in Law from Georgetown University in 1995, Ms Canales worked in antitrust and electorate law in Washington DC and Mexico, before joining Mexico City’s largest newspaper Reforma as a legal correspondent in 1997.
Ms Canales taught law at ITAM University in Mexico City in 2000. That year she moved to New York, covering 9/11, among other news for magazines and newspapers in Mexico, she has published in some of the most prestigious publications in Latin America including El Universal, Cambio, and Travesías. From 2003-2006 she edited for the New York Times Syndicate their Spanish language news service. In 2006, she worked for Felipe Calderon’s successful presidential campaign in Mexico.
In 2010, Ms Canales received a Masters in Fine Arts from New York University. Her translation of Carol Ann Duffy's poems will be published this fall by Bajo la Luna. Her first novel,Apenas Marta, will be published this September by Random House.
apenaslorea@gmail.com



